
CONOCER EL ESTRÉS NOS AYUDA A GESTIONARLO
Paricipamos de forma insconsciente con un gran reto en nuestro día a día, pero... ¿de quién estamos hablando?, pues sencillamente hablamos de nuestro inseparable compañero llamado ESTRÉS. Él, como buen aliado, no nos abandona y nos hace adictos con su presencia en forma de bioquímica, la cual es partícipe de desafortunados resultados en nuestra vida, tanto a nivel físico como psíquico, y también en la comunicación con nuestro entorno.
Y... ¿qué es realmente el ESTRÉS? Pues es toda alteración que percibe nuestro organismo, bien puede ser física como por ejemplo la ingesta excesiva de alimentos; o psíquica, por la manera de percibir los sucesos externos, acciones, o diálogo interior (pensamientos). Existen dos tipos de ESTRÉS: el llamado EUSTRÉS, que es cuando el cuerpo percibe el estímulo como un reto que puede manejar y su resultado es la motivación y energía, como por ejemplo ante un proyecto de trabajo. Éste, a pesar de alterarnos, nos hace sentir bien.
El segundo es el DISTRÉS, que es cuando el cuerpo percibe el estímulo como una amenaza incontrolable causándonos angustia, ansiedad, agotamiento y es costumbre con el que más nos relacionamos. Sabemos las innumerables consecuencias y repercusiones que tiene tan nocivo acompañante, la más importante e ignorada es nuestra SALUD. Fijaos hasta qué nivel repercute que, por ejemplo, nuestro cuerpo necesita una serie de oligoelementos como el Silicio, Cromo, Litio, Molibdeno, Niquel y Selenio, para su correcto funcionamiento -el Cromo realiza funciones como el transporte de proteínas, es necesario para el correcto funcionamiento de la glucosa (controlando la diabetes), y de las grasas. Se halla en alimentos como la levadura de cerveza, grasas y aceites vegetales, cola de caballo, cebolla, lechuga, patatas y berros. La dosis diaria recomendada es de 35 a 40 microgramos; el ESTRÉS dificulta su absorción, llegando a provocar patologías como la diabetes y la obesidad-.
Por eso es importante aprender a reducir los niveles de ESTRÉS con herramientas que iremos practicando más adelante para gestionarlo adecuadamente e ir soltando los componentes que lo causan.
Emociones disfuncionales
A día de hoy la ciencia ha refrendado y nos ha regalado información muy valiosa para nuestra salud física y psíquica si la sabemos integrar en nuestras vidas.
Se nos ha enseñado la conexión tan directa que tiene el cuerpo con la mente y la repercusión de los sentimientos y emociones en nuestra salud en general. Hoy vamos a aprender cómo la culpa -una emoción- participa en nuestra tan apreciada salud.
Cuando la arquitectura neuronal del cerebro se transforma en circuitos neuronales más refinados y evolucionados, y se podan los patrones viejos, enviamos una señal a las células del cuerpo. Dado que todas las células están en contacto con tejido nervioso, a medida que desarrollamos nuevos circuitos y rompemos las viejas conexiones sinápticas, el cuerpo se modifica y cambia a nivel celular. Por lo tanto, si las células espian nuestros pensamientos cuando la materia gris de nuestra corteza cambia, éstas recibirán una señal neurológica diferente y empezaran a modificarse. Por ejemplo, si se empieza a podar la red neuronal estaremos modificando la señal neurológica a las células del cuerpo en cuanto al hecho de ser culpables. La ruptura de esos circuitos en el cerebro, hará que las células empiecen a alterar sus moldes receptores para la culpa. En otras palabras, si la red neuronal desaparece, las células ya no necesitan esos moldes receptores y se regularan generando otros receptores más provechosos.
De igual modo, en la medida en que ya no entendemos la culpa, dado que se está desintegrando la estructura de la red neuronal, no produciremos los mismos péptidos que inician el flujo químico a nivel celular.
Es así como el cuerpo se cura de la enfermedad cuando por fin superamos las adicciones emocionales, porque retiramos las emociones no deseadas, creando nuevos recuerdos y yendo más allá del territorio familiar de la mente.
Parece algo arduo, pero en realidad tan solo es practicarlo conscientemente.